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miércoles, julio 18, 2007

Correas de transmisión

El debate sobre el efecto altavoz de los medios de comunicación en relación con las acciones de los grupos terroristas es antiguo. Es obvio que en un mundo extremadamente mediatizado, en el que la información se confunde muchas veces con el espectáculo, los enemigos de la democracia han aprendido a lanzar su mensaje a la sociedad. El caso del fundamentalismo islámico es sin duda el más relevante. Nadie como Bin Laden y Ayman al Zawahiri han sabido valerse de los medios para llevar a cabo sus fechorías. Por un lado han perpetrado ataques de especial sadismo y enorme envergadura, abriendo la puerta a una nueva era de terror, sólo concebida hasta entonces en las películas de Hollywood. Han simultaneado acciones terroristas, han recurrido a fechas clave y han sacudido la seguridad de varias capitales occidentales.

Por otra parte, han aprovechado su irresistible poder mediático para aumentar infinitamente su capacidad propagandística y para simular una superestructura que es difícil que posean. Desde sus refugios lanzan al mundo mensajes y amenazas que las grandes corrientes de opinión e información se encargan de repetir sin ponerlos en duda. Un día incitan a la reconquista de Al-Andalus y al otro exigen la cabeza de Shalman Rushdie. Pero, ¿nos avisan los medios de un posible ataque o se convierten en correas de transmisión de los terroristas? Si Al Qaeda tuviese la infraestructura necesaria y la capacidad directa para golpear a Occidente, probablemente lo haría sin avisar. Por otro lado ¿tienen los grupos de comunicación la certeza de que la amenaza es real? Existe la posibilidad de que simplemente sean mensajes vacíos, con la misión de sugerir objetivos a los fanáticos de todos los rincones del mundo. Si fuese así las empresas de información estarían haciendo un flaco favor a nuestra seguridad.

martes, julio 03, 2007

El poder de las pesadillas

Al margen de los ataques contra la embajada de Estados Unidos en Tanzania, en 1998, o las Torres Gemelas, en 2001, pocas acciones terroristas se han podido atribuir a la cúpula directiva de la organización Al Qaeda. La fuerza de la marca reside en su carácter fantasmal. Su filosofía inspira a miles de pequeños grupos fanáticos en todo el mundo, no conectados entre sí, proyectando una imagen poderosa de la red terrorista.

Un documental de la BBC, "El poder de las pesadillas", va más allá. El trabajo de Adam Curtis no sólo fundamenta la teoría de que Al Qaeda -una superorganización terrorista con largos téntaculos en todo el planeta al estilo de S.P.E.C.T.R.A. en las películas de James Bond- no existe, sino que explica el fenómeno como el resultado de una fantasía pergeñada por los neoconservadores de EEUU. Una ilusión que conviene tanto a los halcones de Washington como al fundamentalismo inspirado por Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri. Los tres episodios del documental se pueden descargar aquí.
Esto es sólo un anticipo:



En el pasado los políticos prometían crear un mundo mejor. Tenían distintas formas de lograrlo, pero su poder y autoridad surgía de la visión optimista que ofrecían a sus pueblos. Esos sueños fracasaron y hoy la gente ha perdido la fe en las ideologías. Cada vez más, los políticos son simplemente vistos como administradores de la vida pública.

Pero ahora han descubierto un nuevo papel que restaura su poder y autoridad. En vez de repartir sueños, los políticos prometen protegernos de las pesadillas. Dicen que nos rescatarán de peligros terribles que no podemos ver y que no comprendemos.

Y el mayor de todos esos peligros es el terrorismo internacional. Una red poderosa y siniestra con células durmientes en países de todo el mundo. Una amenaza que necesita combatirse con la Guerra contra el Terror. Pero la mayor parte de esa amenaza es una fantasía, que ha sido exagerada y distorsionada por los políticos. Es una oscura ilusión que se propaga, sin ser cuestionada, entre los gobiernos de todo el mundo, los servicios de seguridad y los medios de comunicación internacionales...

lunes, julio 02, 2007

La amenaza global

A Occidente no le queda más remedio que acostumbrarse a los ataques esporádicos del fundamentalismo que orbita en torno a la marca Al Qaeda. Al igual que en otros rincones del planeta la muerte se ha convertido en rutina sangrienta y diaria, a este lado del globo le toca enfrentarse a ataques de cuando en cuando, a pequeñas dosis de la destrucción y el caos que reina en lugares lejanos. En nuestra sociedad ya nos hemos familiarizado con las medidas extremas de seguridad y con las amenazas de Bin Laden y Al Zawahiri a través de internet.

La última ofensiva terrorista, en el Reino Unido, ha sido frustrada por las fuerzas del orden. Los islamofascistas no han alcanzado su objetivo final: el asesinato masivo e idiscriminado. Pero han logrado parte de su cometido: llevar el miedo y la inestabilidad al corazón de Europa. De pronto, las tácticas de terror empleadas en Bagdad se utilizan junto al supermercado en el que compramos el pan. Podemos acostumbrarnos a ver imágenes de muerte y destrucción en Irak, pero no en nuestras calles.

Las autoridades hacen que cada día sea más complicado atentar en Europa o Estados Unidos y sin embargo, los fundamentalistas se cuelan por las rendijas. Muchos de ellos ya están entre nosotros. Se han criado en nuestros sistemas de educación y algunos han ido a nuestras universidades. El modelos multicultural no ha cuajado, si nos referimos a la convivencia entre la comunidad musulmana y la occidental, y la falta de integración, junto con la propagación de las ideas radicales, ha incubado un odio fanático en determinados sectores.

Ahora la lucha sigue, y todo hace suponer que quedan muchas batallas que librar. Dentro y fuera de nuestras fronteras. Las estrategias y mentiras de los neoconservadores de EEUU han azuzado, con la invasión de Irak, las reacciones de los fanáticos. El panorama ya era de por sí complicado, pero el devenir de la política internacional -estadounidense fundamentalmente- en los últimos cinco años lo ha enredado todavía más sin que la espiral haya tocado fondo aún.

lunes, junio 25, 2007

¿Un nuevo Irak?


Los grupos de la órbita de Al Qaeda son, desde hace semanas, un nuevo elemento desestabilizador en Líbano. Su primer cometido fue convertir en una olla a presión el campo de refugiados palestinos de Naher el Bared, al norte del país. Un desafío al ejército libanés que produjo un efecto contagio. Ahora, las sucursales del terror de la trama terrorista de Bin Laden -bautizadas aquí como Fatah al Islam- han irrumpido en la zona controlada por las fuerzas pacificadoras de la ONU, acabando cobardemente con la vida de seis soldados de nuestro ejército. Todos de edades comprendidas entre los 18 y los 21 años, han sido asesinados mientras defendían a la población civil.

Además de la trágica pérdida de nuestros soldados, el atentado trae consigo inquietantes avisos. Al Qaeda quiere convertirse en actor de un escenario en el que hasta ahora no pintaba nada. La retirada de Israel el pasado verano ante las tácticas de guerrilla del grupo terrorista Hezbollah provocó celos en la red wahabbita de Osama Bin Laden. Una milicia chií acaparaba las portadas de los periódicos y entusiasmaba al islamismo radical de todo el mundo.

Se cumple ahora un año de la última guerra del Líbano y Al Qaeda ha conseguido hacerse un hueco en un país en el que demasiados intereses se encuentran en disputa. Es probable que su estrategia sea exportar el modelo de Irak y Afganistán al país del cedro, aprovechando la presencia de las fuerzas internacionales, para añadir más confusión en la anarquía. De ser así la zona se enfrenta a un futuro extremadamente peligroso y de difícil control. La comunidad internacional se puede ver en un serio aprieto para poner orden si las maniobras desestabilizadoras se extienden por el mundo árabe.

Matar al mensajero

El corresponsal de la cadena BBC en Gaza, Alan Johnston, lleva más de cien días secuestrado. Conforme su cautiverio se aproximaba a esa cifra redonda, las perspectivas de su liberación se hacían más creíbles: la división de Palestina en dos -Gaza en poder de Hamás y Cisjordania bajo control de Al Fatah- podía mejorar su situación. A los terroristas les convenía un golpe de efecto para amortiguar el impacto de un bloqueo internacional mayor que el de los últimos años. Sin embargo las gestiones no han fructificado y las últimas informaciones son descorazonadoras. En el último vídeo lanzado por sus captores a las redes de información se muestra a un Johnston ataviado con un chaleco-bomba que será activado si se libera por la fuerza al reportero británico.

Es el último episodio de un fenómeno que se ha multiplicado en los últimos años en los escenarios conflictivos, singularmente en Oriente Próximo y Oriente Medio. Corren tiempos difíciles para los corresponsales de guerra, vistos antaño como altavoces y fieles notarios de los acontecimientos -aunque siempre con recelo-, y hoy convertidos en escudos humanos, moneda de cambio o débil elemento de chantaje y coacción.

Los bandos en conflicto han perfeccionado sus estrategias mediáticas de perversión y la tecnología actual les permite acceder a infinitas pantallas y medios. Su mensaje tiene hoy una capacidad de multiplicación enorme y da la vuelta al mundo en cuestión de minutos. Estas circunstancias, junto con la ideología de odio Oriente-Occidente diseñada por Osama bin Laden y avivada por la Administración Bush con su papel en Irak, han puesto en el disparadero a quienes se juegan el tipo por transmitir una radiografía lo más fiel posible de lo que ocurre en los rincones más inestables del mundo. Una coacción cobarde e inaceptable.

Alan Johnston banner

domingo, junio 17, 2007

Palestina se parte en dos

En la semana que hoy termina se ha escenificado el comienzo de una nueva y siniestra era para el pueblo palestino. Una etapa que puede sumir a la franja de Gaza en una crisis todavía más profunda que la que padece en la actualidad. En parte, el golpe de fuerza del islamismo de Hamás, es el resultado de la política de embargo económico empleada por EEUU y la UE ante el triunfo en las urnas del grupo terrorista chií. La desesperación y la escasez han acelerado una guerra civil que se incubaba desde hace tiempo. Por otro lado, es la consecuencia inevitable de la era pos-Arafat y de la lucha por el poder ante la ausencia del líder.

Además, en el terreno de juego no sólo Al Fatah y Hamás disputan el partido. También Irán y Siria, con su cobertura a los islamistas, y EEUU financiando a los herederos del rais ocupan el tablero. Los primeros saben que el nuevo panorama les asegura una posición de fuerza en la zona y el control sobre el territorio en el que habitan 1,4 millones de palestinos. Se trata de un territorio blindado por Israel, pero garantiza una base de operaciones para atacar al Estado hebreo y generar un poderoso foco de conflicto, cuando la situación lo requiera. Para los segundos, EEUU, el momento actual empeora profundamente la política en la zona: elementos de Al Qaeda ganan peso en la franja, donde convive una mayoría suní con los adeptos al terrorismo chií patrocinado por Teherán y Damasco. Un hervidero que guarda demasiados parecidos con Irak.

Es, en definitiva, una muy mala noticia para las esperanzas de paz en la zona. Especialmente para un pueblo desahuciado y vapuleado que se enfrenta a una catástrofe fratricida. Serán también tiempos complicados -aún más- para Israel, que se enfrenta a posibles estrategias combinadas en varios frentes (Hezbollah y Siria desde el norte, Hamás desde el suroeste, e hipotéticas ofensivas desde Cisjordania, al este).

miércoles, junio 06, 2007

Vuelven. Más fuertes.

Resulta que ETA mantenía un "alto el fuego" desde marzo de 2006. Que no les engañen los hechos. Durante meses de terrorismo callejero, extorsiones y chantajes a empresarios vascos y navarros, un atentado con bomba que asesinó a dos personas y redujo a escombros un aparcamiento de la T-4, hemos vivido en un remanso de paz. Eso es lo que han intentado hacer creer los socialistas en el gobierno, con ETA apretándoles continuamente las tuercas.

Zapatero pretende ahora que nadie mire atrás, para tapar su bochorno. Que nadie se acuerde de la legalización de la nueva marca de Batasuna-ETA que se financiará de las arcas públicas. Que nadie saque de nuevo a la luz la excarcelación de De Juana Chaos, asesino de 25 personas. Una muestra de buenas intenciones hacia los terroristas que se disfrazó de estricta legalidad, pero que ahora se esfuerzan en corregir. El presidente Zapatero no quiere que se recuerden las reuniones entre socialistas vascos y etarras, el germen de un "proceso de paz" ficticio, buscado artificialmente por el PSOE con fines electorales.

Quiere que nos olvidemos de la absolución del batasuno Otegui por enaltecimiento del terrorismo, otra medida de gracia para apaciguar a los criminales. Zapatero desearía borrar de nuestra memoria el bochorno de llevar a las instituciones europeas las pretensiones proetarras, o sus circunloquios para evitar pronunciarse acerca del rearme de ETA en Francia, en el mes de octubre. Sus ansias de pasar a la Historia le han cegado y el resultado es una ETA con más oxígeno. Sus pretensiones siempre serán las mismas: conseguir una patria inventada e imposible en la que imponer un régimen socialista y totalitario. No hay hueco para el diálogo. Ahora retoman su carrera asesina con fuerzas renovadas. Acabemos con ellos.