Las marchas pacíficas de los monjes budistas birmanos y la violenta represión del régimen militar, uno de los más crueles y longevos del planeta, acapara el foco de la información. Se trata de una oportunidad para la democracia y de una explosión de libertad espontánea que se ha visto reforzada por las nuevas tecnologías de la comunicación. Combinados, internet y los teléfonos móviles pueden ser un potente instrumento para derrocar tiranías.
Desde Occidente asistimos a esta semana de esperanza en Birmania y nos acercamos a un país lejano, rico en gas y petróleo, en el que sus ciudadanos padecen una dictadura apadrinada por China y consentida por el resto del mundo. La superpotencia asiática y Rusia han conseguido obstruir las posibles sanciones de la ONU, una organización que vuelve a quedar en entredicho tras ser bloqueda por dos regímenes autoritarios, más o menos camuflados.
Enlace:
Campaigning For Human Rights and Democracy in Burma
cuadernodeanalisis.blogspot.com
jueves, septiembre 27, 2007
lunes, septiembre 03, 2007
El ocaso del Imperio de la mentira

La escenografía bushiana está tocada de muerte. Muy pocos creen ya en su interpretación alucinada de la realidad y todo lo que le rodea se desmorona por momentos. Aún queda más de un año de su segundo mandato, y sin embargo muchos de los que cimentaban su gobierno han salido corriendo antes de comenzar el curso político. El primer cadáver político fue Colin Powell, máximo representante del softpower en una Administración ultraconservadora. En 2006 le seguiría Andrew Card, asesor del presidente para Irak, y meses más tarde caería Donald Rumsfeld, uno de los guías espirituales de los neocon americanos e inspirador de su política exterior ofensiva, quien abandonó tras la victoria del Partido Demócrata en las elecciones al Congreso.
El último en dejar en la estacada a George W. Bush fue su amigo y "abogado" Alberto Gonzales, el fiscal general. El hispano que más lejos ha llegado en la Administración estadounidense no pudo soportar su propia imagen pública, salpicada por escándalos como la purga ideológica en las fiscalía de EE.UU. o la máscara de legalidad diseñada para encubrir Guantánamo y las escuchas ilegales a sus conciudadanos. Entre Rumsfeld y Gonzales otros muchos han abandonado la nave: Karl Rove, asesor especial del presidente; Paul Wolfowitz, ex presidente del Banco Mundial; y John Bolton, ex embajador ante la ONU. Y detrás de cada dimisión, Irak. La ocupación y la catastrófica estrategia de posguerra constituyen el eje sobre el que gira la política de Bush desde 2003.
La retórica simplificadora y la mentira al servicio de un ideal superior -según la ideología neocon- le sirvieron en un principio, pero los ataúdes de soldados se amontonan y los atentados siguen siendo devastadores. Pocos hacen caso ya a la jerga del presidente. En su última visita sorpresa a Irak, ha dicho que las tropas empezarán a volver a casa si los "éxitos" continúan. Evidentemente no existen tales éxitos. La guerra ha sido el gran fracaso de sus gobiernos, el punto más caliente de la agenda internacional que se enquistará por muchos años. Bush lo sabe pero nunca lo reconocerá y por eso seguirá disfrazando su agonía con nuevos engaños. Sabe también que en poco más de un año de acoso demócrata, podrá irse a descansar a su rancho de Texas.
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Política Internacional
lunes, agosto 13, 2007
La sociedad vigilada
La tecnología y el poder siguen estrechando lazos para controlar nuestros movimientos y achicar el espacio de la libertad. Es la vertiente oscura del desarrollo informático. Los sistemas de vigilancia se perfeccionan para olisquear nuestro rastro. En ciudades como Londres es muy dificil escapar a la mirada mecánica de miles de cámaras. Mientras, se trabaja en máquinas que reconocen nuestro iris o interpretan nuestras intenciones. Todo para combatir al difuso fantasma del terrorismo y del crimen.
En Shenzen (China) ya están instalando 20.000 cámaras de vídeo para emplearlas en la lucha contra el crimen. Se unirán a las 180.000, de circuitos públicos y privados, a las que la policía tiene acceso y no sólo transmitirán y grabarán lo que ocurra en la calle, sino que leerán los rostros de los ciudadanos y servirán para detener a los sospechosos. Esta tecnología, con la que también se experimenta en Gran Bretaña, se extenderá por toda la región, habitada por 12 millones y medio de personas. Además, las autoridades y la firma estadounidense que elabora el sistema distribuirán una tarjeta de ciudadanía con un potente chip incorporado. En ella se incluyen datos personales como la raza, la religión o el nivel educativo. Es el presente de una dictadura hi-tech, en un país donde los derechos civiles son pisoteados, pero la tendencia puede traspasar esas fronteras para controlarnos, con la excusa del terrorismo global, y colarse sutilmente en nuestras casas, en nuestros ordenadores, a través de las tarjetas de crédito o los teléfonos móviles. Quizás ya esté ocurriendo.
En Shenzen (China) ya están instalando 20.000 cámaras de vídeo para emplearlas en la lucha contra el crimen. Se unirán a las 180.000, de circuitos públicos y privados, a las que la policía tiene acceso y no sólo transmitirán y grabarán lo que ocurra en la calle, sino que leerán los rostros de los ciudadanos y servirán para detener a los sospechosos. Esta tecnología, con la que también se experimenta en Gran Bretaña, se extenderá por toda la región, habitada por 12 millones y medio de personas. Además, las autoridades y la firma estadounidense que elabora el sistema distribuirán una tarjeta de ciudadanía con un potente chip incorporado. En ella se incluyen datos personales como la raza, la religión o el nivel educativo. Es el presente de una dictadura hi-tech, en un país donde los derechos civiles son pisoteados, pero la tendencia puede traspasar esas fronteras para controlarnos, con la excusa del terrorismo global, y colarse sutilmente en nuestras casas, en nuestros ordenadores, a través de las tarjetas de crédito o los teléfonos móviles. Quizás ya esté ocurriendo.
lunes, julio 30, 2007
El mundo se mueve
Los grandes movimientos migratorios han alumbrado revoluciones sociales en la Historia de la Humanidad. Desde la huída de los judíos de Egipto, hasta la invasión de los pueblos bárbaros que puso fin a la era de Roma y abrió la puerta a la Edad Media. Desde la conquista de América, hasta la forja de esa misma tierra como potencia hegemónica gracias, entre otros elementos, a la llegada de irlandeses, escoceses, holandeses o italianos. Ahora, cuando vivimos los mayores cambios demográficos de la Historia, nos asomamos a un nuevo orden social y económico en el mundo. Aún no sabemos si mejor o peor, aunque muchos indicadores hacen pensar que una distribución más justa de las oportunidades y la riqueza está cerca. Estamos en proceso de asimilar que el fenómeno es imparable. Que las naciones, tal y como hoy las entendemos, tienen próxima la fecha de caducidad. Las fronteras desaparecen, de modo lento y aún desequilibrado, y las razas se difuminan. Los habitantes de los países subdesarrollados reivindican su derecho a incorporarse al progreso para extenderlo en el futuro por los rincones olvidados del planeta. El Primer Mundo se atrinchera como puede, pero sabe que todo está ya sentenciado. Desde las barriadas chabolistas de Bombay, donde los desheredados del éxodo rural han creado una pequeño cosmos económico, hasta la orilla sur del Río Bravo, o la frontera hispano-marroquí en Ceuta, masas de humanos esperan su momento.
El fenómeno que está en marcha puede reforzar la cohesión mundial y la interacción entre las personas, si conseguimos la integración de los distintos colectivos, por encima de la radicalización de las tradiciones y las creencias. A ello contribuyen dos elementos imprescindibles para comprender lo que se avecina: el perfeccionamiento de los medios de transporte y la revolución del conocimiento, gracias a las tecnologías de la información, principalmente internet. La mayor transformación cultural de la Historia es la esperanza más sólida para lograr un mundo mejor.
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Política Internacional
miércoles, julio 18, 2007
Correas de transmisión
El debate sobre el efecto altavoz de los medios de comunicación en relación con las acciones de los grupos terroristas es antiguo. Es obvio que en un mundo extremadamente mediatizado, en el que la información se confunde muchas veces con el espectáculo, los enemigos de la democracia han aprendido a lanzar su mensaje a la sociedad. El caso del fundamentalismo islámico es sin duda el más relevante. Nadie como Bin Laden y Ayman al Zawahiri han sabido valerse de los medios para llevar a cabo sus fechorías. Por un lado han perpetrado ataques de especial sadismo y enorme envergadura, abriendo la puerta a una nueva era de terror, sólo concebida hasta entonces en las películas de Hollywood. Han simultaneado acciones terroristas, han recurrido a fechas clave y han sacudido la seguridad de varias capitales occidentales.Por otra parte, han aprovechado su irresistible poder mediático para aumentar infinitamente su capacidad propagandística y para simular una superestructura que es difícil que posean. Desde sus refugios lanzan al mundo mensajes y amenazas que las grandes corrientes de opinión e información se encargan de repetir sin ponerlos en duda. Un día incitan a la reconquista de Al-Andalus y al otro exigen la cabeza de Shalman Rushdie. Pero, ¿nos avisan los medios de un posible ataque o se convierten en correas de transmisión de los terroristas? Si Al Qaeda tuviese la infraestructura necesaria y la capacidad directa para golpear a Occidente, probablemente lo haría sin avisar. Por otro lado ¿tienen los grupos de comunicación la certeza de que la amenaza es real? Existe la posibilidad de que simplemente sean mensajes vacíos, con la misión de sugerir objetivos a los fanáticos de todos los rincones del mundo. Si fuese así las empresas de información estarían haciendo un flaco favor a nuestra seguridad.
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Política Internacional,
Terrorismo Yihadista
martes, julio 03, 2007
El poder de las pesadillas
Al margen de los ataques contra la embajada de Estados Unidos en Tanzania, en 1998, o las Torres Gemelas, en 2001, pocas acciones terroristas se han podido atribuir a la cúpula directiva de la organización Al Qaeda. La fuerza de la marca reside en su carácter fantasmal. Su filosofía inspira a miles de pequeños grupos fanáticos en todo el mundo, no conectados entre sí, proyectando una imagen poderosa de la red terrorista.
Un documental de la BBC, "El poder de las pesadillas", va más allá. El trabajo de Adam Curtis no sólo fundamenta la teoría de que Al Qaeda -una superorganización terrorista con largos téntaculos en todo el planeta al estilo de S.P.E.C.T.R.A. en las películas de James Bond- no existe, sino que explica el fenómeno como el resultado de una fantasía pergeñada por los neoconservadores de EEUU. Una ilusión que conviene tanto a los halcones de Washington como al fundamentalismo inspirado por Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri. Los tres episodios del documental se pueden descargar aquí.
Esto es sólo un anticipo:
Un documental de la BBC, "El poder de las pesadillas", va más allá. El trabajo de Adam Curtis no sólo fundamenta la teoría de que Al Qaeda -una superorganización terrorista con largos téntaculos en todo el planeta al estilo de S.P.E.C.T.R.A. en las películas de James Bond- no existe, sino que explica el fenómeno como el resultado de una fantasía pergeñada por los neoconservadores de EEUU. Una ilusión que conviene tanto a los halcones de Washington como al fundamentalismo inspirado por Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri. Los tres episodios del documental se pueden descargar aquí.
Esto es sólo un anticipo:
En el pasado los políticos prometían crear un mundo mejor. Tenían distintas formas de lograrlo, pero su poder y autoridad surgía de la visión optimista que ofrecían a sus pueblos. Esos sueños fracasaron y hoy la gente ha perdido la fe en las ideologías. Cada vez más, los políticos son simplemente vistos como administradores de la vida pública.
Pero ahora han descubierto un nuevo papel que restaura su poder y autoridad. En vez de repartir sueños, los políticos prometen protegernos de las pesadillas. Dicen que nos rescatarán de peligros terribles que no podemos ver y que no comprendemos.
Y el mayor de todos esos peligros es el terrorismo internacional. Una red poderosa y siniestra con células durmientes en países de todo el mundo. Una amenaza que necesita combatirse con la Guerra contra el Terror. Pero la mayor parte de esa amenaza es una fantasía, que ha sido exagerada y distorsionada por los políticos. Es una oscura ilusión que se propaga, sin ser cuestionada, entre los gobiernos de todo el mundo, los servicios de seguridad y los medios de comunicación internacionales...
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Política Internacional,
Terrorismo Yihadista
lunes, julio 02, 2007
La amenaza global
A Occidente no le queda más remedio que acostumbrarse a los ataques esporádicos del fundamentalismo que orbita en torno a la marca Al Qaeda. Al igual que en otros rincones del planeta la muerte se ha convertido en rutina sangrienta y diaria, a este lado del globo le toca enfrentarse a ataques de cuando en cuando, a pequeñas dosis de la destrucción y el caos que reina en lugares lejanos. En nuestra sociedad ya nos hemos familiarizado con las medidas extremas de seguridad y con las amenazas de Bin Laden y Al Zawahiri a través de internet. La última ofensiva terrorista, en el Reino Unido, ha sido frustrada por las fuerzas del orden. Los islamofascistas no han alcanzado su objetivo final: el asesinato masivo e idiscriminado. Pero han logrado parte de su cometido: llevar el miedo y la inestabilidad al corazón de Europa. De pronto, las tácticas de terror empleadas en Bagdad se utilizan junto al supermercado en el que compramos el pan. Podemos acostumbrarnos a ver imágenes de muerte y destrucción en Irak, pero no en nuestras calles.
Las autoridades hacen que cada día sea más complicado atentar en Europa o Estados Unidos y sin embargo, los fundamentalistas se cuelan por las rendijas. Muchos de ellos ya están entre nosotros. Se han criado en nuestros sistemas de educación y algunos han ido a nuestras universidades. El modelos multicultural no ha cuajado, si nos referimos a la convivencia entre la comunidad musulmana y la occidental, y la falta de integración, junto con la propagación de las ideas radicales, ha incubado un odio fanático en determinados sectores.
Ahora la lucha sigue, y todo hace suponer que quedan muchas batallas que librar. Dentro y fuera de nuestras fronteras. Las estrategias y mentiras de los neoconservadores de EEUU han azuzado, con la invasión de Irak, las reacciones de los fanáticos. El panorama ya era de por sí complicado, pero el devenir de la política internacional -estadounidense fundamentalmente- en los últimos cinco años lo ha enredado todavía más sin que la espiral haya tocado fondo aún.
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Política Internacional,
Terrorismo Yihadista
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