La tecnología y el poder siguen estrechando lazos para controlar nuestros movimientos y achicar el espacio de la libertad. Es la vertiente oscura del desarrollo informático. Los sistemas de vigilancia se perfeccionan para olisquear nuestro rastro. En ciudades como Londres es muy dificil escapar a la mirada mecánica de miles de cámaras. Mientras, se trabaja en máquinas que reconocen nuestro iris o interpretan nuestras intenciones. Todo para combatir al difuso fantasma del terrorismo y del crimen.
En Shenzen (China) ya están instalando 20.000 cámaras de vídeo para emplearlas en la lucha contra el crimen. Se unirán a las 180.000, de circuitos públicos y privados, a las que la policía tiene acceso y no sólo transmitirán y grabarán lo que ocurra en la calle, sino que leerán los rostros de los ciudadanos y servirán para detener a los sospechosos. Esta tecnología, con la que también se experimenta en Gran Bretaña, se extenderá por toda la región, habitada por 12 millones y medio de personas. Además, las autoridades y la firma estadounidense que elabora el sistema distribuirán una tarjeta de ciudadanía con un potente chip incorporado. En ella se incluyen datos personales como la raza, la religión o el nivel educativo. Es el presente de una dictadura hi-tech, en un país donde los derechos civiles son pisoteados, pero la tendencia puede traspasar esas fronteras para controlarnos, con la excusa del terrorismo global, y colarse sutilmente en nuestras casas, en nuestros ordenadores, a través de las tarjetas de crédito o los teléfonos móviles. Quizás ya esté ocurriendo.
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lunes, agosto 13, 2007
lunes, julio 30, 2007
El mundo se mueve
Los grandes movimientos migratorios han alumbrado revoluciones sociales en la Historia de la Humanidad. Desde la huída de los judíos de Egipto, hasta la invasión de los pueblos bárbaros que puso fin a la era de Roma y abrió la puerta a la Edad Media. Desde la conquista de América, hasta la forja de esa misma tierra como potencia hegemónica gracias, entre otros elementos, a la llegada de irlandeses, escoceses, holandeses o italianos. Ahora, cuando vivimos los mayores cambios demográficos de la Historia, nos asomamos a un nuevo orden social y económico en el mundo. Aún no sabemos si mejor o peor, aunque muchos indicadores hacen pensar que una distribución más justa de las oportunidades y la riqueza está cerca. Estamos en proceso de asimilar que el fenómeno es imparable. Que las naciones, tal y como hoy las entendemos, tienen próxima la fecha de caducidad. Las fronteras desaparecen, de modo lento y aún desequilibrado, y las razas se difuminan. Los habitantes de los países subdesarrollados reivindican su derecho a incorporarse al progreso para extenderlo en el futuro por los rincones olvidados del planeta. El Primer Mundo se atrinchera como puede, pero sabe que todo está ya sentenciado. Desde las barriadas chabolistas de Bombay, donde los desheredados del éxodo rural han creado una pequeño cosmos económico, hasta la orilla sur del Río Bravo, o la frontera hispano-marroquí en Ceuta, masas de humanos esperan su momento.
El fenómeno que está en marcha puede reforzar la cohesión mundial y la interacción entre las personas, si conseguimos la integración de los distintos colectivos, por encima de la radicalización de las tradiciones y las creencias. A ello contribuyen dos elementos imprescindibles para comprender lo que se avecina: el perfeccionamiento de los medios de transporte y la revolución del conocimiento, gracias a las tecnologías de la información, principalmente internet. La mayor transformación cultural de la Historia es la esperanza más sólida para lograr un mundo mejor.
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miércoles, julio 18, 2007
Correas de transmisión
El debate sobre el efecto altavoz de los medios de comunicación en relación con las acciones de los grupos terroristas es antiguo. Es obvio que en un mundo extremadamente mediatizado, en el que la información se confunde muchas veces con el espectáculo, los enemigos de la democracia han aprendido a lanzar su mensaje a la sociedad. El caso del fundamentalismo islámico es sin duda el más relevante. Nadie como Bin Laden y Ayman al Zawahiri han sabido valerse de los medios para llevar a cabo sus fechorías. Por un lado han perpetrado ataques de especial sadismo y enorme envergadura, abriendo la puerta a una nueva era de terror, sólo concebida hasta entonces en las películas de Hollywood. Han simultaneado acciones terroristas, han recurrido a fechas clave y han sacudido la seguridad de varias capitales occidentales.Por otra parte, han aprovechado su irresistible poder mediático para aumentar infinitamente su capacidad propagandística y para simular una superestructura que es difícil que posean. Desde sus refugios lanzan al mundo mensajes y amenazas que las grandes corrientes de opinión e información se encargan de repetir sin ponerlos en duda. Un día incitan a la reconquista de Al-Andalus y al otro exigen la cabeza de Shalman Rushdie. Pero, ¿nos avisan los medios de un posible ataque o se convierten en correas de transmisión de los terroristas? Si Al Qaeda tuviese la infraestructura necesaria y la capacidad directa para golpear a Occidente, probablemente lo haría sin avisar. Por otro lado ¿tienen los grupos de comunicación la certeza de que la amenaza es real? Existe la posibilidad de que simplemente sean mensajes vacíos, con la misión de sugerir objetivos a los fanáticos de todos los rincones del mundo. Si fuese así las empresas de información estarían haciendo un flaco favor a nuestra seguridad.
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Terrorismo Yihadista
martes, julio 03, 2007
El poder de las pesadillas
Al margen de los ataques contra la embajada de Estados Unidos en Tanzania, en 1998, o las Torres Gemelas, en 2001, pocas acciones terroristas se han podido atribuir a la cúpula directiva de la organización Al Qaeda. La fuerza de la marca reside en su carácter fantasmal. Su filosofía inspira a miles de pequeños grupos fanáticos en todo el mundo, no conectados entre sí, proyectando una imagen poderosa de la red terrorista.
Un documental de la BBC, "El poder de las pesadillas", va más allá. El trabajo de Adam Curtis no sólo fundamenta la teoría de que Al Qaeda -una superorganización terrorista con largos téntaculos en todo el planeta al estilo de S.P.E.C.T.R.A. en las películas de James Bond- no existe, sino que explica el fenómeno como el resultado de una fantasía pergeñada por los neoconservadores de EEUU. Una ilusión que conviene tanto a los halcones de Washington como al fundamentalismo inspirado por Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri. Los tres episodios del documental se pueden descargar aquí.
Esto es sólo un anticipo:
Un documental de la BBC, "El poder de las pesadillas", va más allá. El trabajo de Adam Curtis no sólo fundamenta la teoría de que Al Qaeda -una superorganización terrorista con largos téntaculos en todo el planeta al estilo de S.P.E.C.T.R.A. en las películas de James Bond- no existe, sino que explica el fenómeno como el resultado de una fantasía pergeñada por los neoconservadores de EEUU. Una ilusión que conviene tanto a los halcones de Washington como al fundamentalismo inspirado por Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri. Los tres episodios del documental se pueden descargar aquí.
Esto es sólo un anticipo:
En el pasado los políticos prometían crear un mundo mejor. Tenían distintas formas de lograrlo, pero su poder y autoridad surgía de la visión optimista que ofrecían a sus pueblos. Esos sueños fracasaron y hoy la gente ha perdido la fe en las ideologías. Cada vez más, los políticos son simplemente vistos como administradores de la vida pública.
Pero ahora han descubierto un nuevo papel que restaura su poder y autoridad. En vez de repartir sueños, los políticos prometen protegernos de las pesadillas. Dicen que nos rescatarán de peligros terribles que no podemos ver y que no comprendemos.
Y el mayor de todos esos peligros es el terrorismo internacional. Una red poderosa y siniestra con células durmientes en países de todo el mundo. Una amenaza que necesita combatirse con la Guerra contra el Terror. Pero la mayor parte de esa amenaza es una fantasía, que ha sido exagerada y distorsionada por los políticos. Es una oscura ilusión que se propaga, sin ser cuestionada, entre los gobiernos de todo el mundo, los servicios de seguridad y los medios de comunicación internacionales...
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Terrorismo Yihadista
lunes, julio 02, 2007
La amenaza global
A Occidente no le queda más remedio que acostumbrarse a los ataques esporádicos del fundamentalismo que orbita en torno a la marca Al Qaeda. Al igual que en otros rincones del planeta la muerte se ha convertido en rutina sangrienta y diaria, a este lado del globo le toca enfrentarse a ataques de cuando en cuando, a pequeñas dosis de la destrucción y el caos que reina en lugares lejanos. En nuestra sociedad ya nos hemos familiarizado con las medidas extremas de seguridad y con las amenazas de Bin Laden y Al Zawahiri a través de internet. La última ofensiva terrorista, en el Reino Unido, ha sido frustrada por las fuerzas del orden. Los islamofascistas no han alcanzado su objetivo final: el asesinato masivo e idiscriminado. Pero han logrado parte de su cometido: llevar el miedo y la inestabilidad al corazón de Europa. De pronto, las tácticas de terror empleadas en Bagdad se utilizan junto al supermercado en el que compramos el pan. Podemos acostumbrarnos a ver imágenes de muerte y destrucción en Irak, pero no en nuestras calles.
Las autoridades hacen que cada día sea más complicado atentar en Europa o Estados Unidos y sin embargo, los fundamentalistas se cuelan por las rendijas. Muchos de ellos ya están entre nosotros. Se han criado en nuestros sistemas de educación y algunos han ido a nuestras universidades. El modelos multicultural no ha cuajado, si nos referimos a la convivencia entre la comunidad musulmana y la occidental, y la falta de integración, junto con la propagación de las ideas radicales, ha incubado un odio fanático en determinados sectores.
Ahora la lucha sigue, y todo hace suponer que quedan muchas batallas que librar. Dentro y fuera de nuestras fronteras. Las estrategias y mentiras de los neoconservadores de EEUU han azuzado, con la invasión de Irak, las reacciones de los fanáticos. El panorama ya era de por sí complicado, pero el devenir de la política internacional -estadounidense fundamentalmente- en los últimos cinco años lo ha enredado todavía más sin que la espiral haya tocado fondo aún.
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lunes, junio 25, 2007
¿Un nuevo Irak?

Los grupos de la órbita de Al Qaeda son, desde hace semanas, un nuevo elemento desestabilizador en Líbano. Su primer cometido fue convertir en una olla a presión el campo de refugiados palestinos de Naher el Bared, al norte del país. Un desafío al ejército libanés que produjo un efecto contagio. Ahora, las sucursales del terror de la trama terrorista de Bin Laden -bautizadas aquí como Fatah al Islam- han irrumpido en la zona controlada por las fuerzas pacificadoras de la ONU, acabando cobardemente con la vida de seis soldados de nuestro ejército. Todos de edades comprendidas entre los 18 y los 21 años, han sido asesinados mientras defendían a la población civil.
Además de la trágica pérdida de nuestros soldados, el atentado trae consigo inquietantes avisos. Al Qaeda quiere convertirse en actor de un escenario en el que hasta ahora no pintaba nada. La retirada de Israel el pasado verano ante las tácticas de guerrilla del grupo terrorista Hezbollah provocó celos en la red wahabbita de Osama Bin Laden. Una milicia chií acaparaba las portadas de los periódicos y entusiasmaba al islamismo radical de todo el mundo.
Se cumple ahora un año de la última guerra del Líbano y Al Qaeda ha conseguido hacerse un hueco en un país en el que demasiados intereses se encuentran en disputa. Es probable que su estrategia sea exportar el modelo de Irak y Afganistán al país del cedro, aprovechando la presencia de las fuerzas internacionales, para añadir más confusión en la anarquía. De ser así la zona se enfrenta a un futuro extremadamente peligroso y de difícil control. La comunidad internacional se puede ver en un serio aprieto para poner orden si las maniobras desestabilizadoras se extienden por el mundo árabe.
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Terrorismo Yihadista
Matar al mensajero
El corresponsal de la cadena BBC en Gaza, Alan Johnston, lleva más de cien días secuestrado. Conforme su cautiverio se aproximaba a esa cifra redonda, las perspectivas de su liberación se hacían más creíbles: la división de Palestina en dos -Gaza en poder de Hamás y Cisjordania bajo control de Al Fatah- podía mejorar su situación. A los terroristas les convenía un golpe de efecto para amortiguar el impacto de un bloqueo internacional mayor que el de los últimos años. Sin embargo las gestiones no han fructificado y las últimas informaciones son descorazonadoras. En el último vídeo lanzado por sus captores a las redes de información se muestra a un Johnston ataviado con un chaleco-bomba que será activado si se libera por la fuerza al reportero británico.Es el último episodio de un fenómeno que se ha multiplicado en los últimos años en los escenarios conflictivos, singularmente en Oriente Próximo y Oriente Medio. Corren tiempos difíciles para los corresponsales de guerra, vistos antaño como altavoces y fieles notarios de los acontecimientos -aunque siempre con recelo-, y hoy convertidos en escudos humanos, moneda de cambio o débil elemento de chantaje y coacción.
Los bandos en conflicto han perfeccionado sus estrategias mediáticas de perversión y la tecnología actual les permite acceder a infinitas pantallas y medios. Su mensaje tiene hoy una capacidad de multiplicación enorme y da la vuelta al mundo en cuestión de minutos. Estas circunstancias, junto con la ideología de odio Oriente-Occidente diseñada por Osama bin Laden y avivada por la Administración Bush con su papel en Irak, han puesto en el disparadero a quienes se juegan el tipo por transmitir una radiografía lo más fiel posible de lo que ocurre en los rincones más inestables del mundo. Una coacción cobarde e inaceptable.
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