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viernes, septiembre 28, 2007

Política de instintos primarios


No parece razonable que mientras desaparecen las fronteras, se entremezclan las culturas y se construyen grandes bloques políticos y económicos, algunos territorios, en ocasiones minúsculos, rescaten la exaltación de la raza y sublimen sus peculiaridades culturales -en muchos casos compartidas por los pueblos limítrofes-. El nacionalismo es a la vez un fenómeno antiguo y moderno. El siglo XIX fue testigo de las unificaciones de Alemania e Italia, precipitadas por el empuje de un nacionalismo integrador, mientras que la segunda mitad del siglo XX y el comienzo del XXI contemplan un nacionalismo posmoderno de carácter excluyente, que guarda inquietantes parecidos con el totalitarismo racista del nazismo.

En la época actual, marcada por la ausencia de valores fijos y la muerte de los metarrelatos, muchos individuos anhelan un código nuevo de valores al que asirse. En tiempos pasados la ideología y la religión ofrecían un discurso completo para la vida, un sistema de pensamiento acabado que daba respuesta a todas las preguntas. El siglo XX, con los genocidios nazi y soviético, despertó las conciencias occidentales y procuró un nuevo discurso fundamentado en el capitalismo, un sistema eficiente para organizar las relaciones económicas pero que no sirve como cemento de la sociedad.

Curiosamente la religión no sólo no se ha derrumbado sino que en la actualidad influye poderosamente en la agenda política mundial. Gran parte de la política de la Casa Blanca está influenciada por la derecha evangélica estadounidense, mientras que el mundo musulmán vive desde hace unas décadas un violento período de agitación, fruto del renacimiento de las doctrinas más intolerantes y extremistas. El éxito de la religión surge de la misma raíz que el nacionalismo: el desprecio a la razón y el único requisito de la fe, bien sea en la supremacía de la raza, en el mandato divino o en la muerte del infiel.

Las últimas tendencias políticas han descubierto que en la simpleza está la fórmula del triunfo. Cuanto más nos acerquemos a los instintos humanos más cerca estaremos de obtener carta blanca para acaparar el poder. Sin embargo el nacionalismo sólo puede tener éxito, al menos en el caso español, cuando está condenado a vivir en crisis continua con su enemigo imaginario. Los propios nacionalistas saben que la fuerza de su proyecto reside en que es un programa de tránsito, nunca orientado a una meta. De ser así, de alcanzar la independencia del territorio o la autonomía plena, el sistema se vendría abajo. Ya no se discutiría la autoafirmación de la cultura y la identidad, sino que se inciarían guerras internas por el poder y el sistema de gobierno. En el mejor de los casos la situación derivaría en una inmensa decepción, con la desventaja de enfrentarse al mundo desde una posición más débil que la anterior. En el peor de los escenarios, la imposición del sector más sectario y violento, el nuevo estado se convertiría en una dictadura. Es, por tanto, una ideología que solo sobrevive con garantías durante la confrontación, una ideología de odio irracional. El caldo de cultivo propicio para la alienación que a muchos individuos les hace sentirse seguros.

Hoy en día cualquier sistema democrático occidental garantiza el derecho de una comunidad a mantener viva su herencia cultural. Ocurre en Escocia, Córcega, Bretaña, las regiones del norte de Italia y, de manera especial, en Cataluña, el País Vasco o Galicia, que disfrutan de un régimen autonómico muy superior a las demás zonas citadas. El único límite al que se enfrentan los políticos nacionalistas de estos territorios es la unidad económica, social y política del país al que rechazan. Nada que ver con los movimientos nacionalistas del mundo en desarrollo, donde deben enfrentarse al desaguisado de la descolonización y donde las luchas étnicas están muy determinadas por la pobreza y el hambre. No es el caso de Europa.

jueves, septiembre 27, 2007

La rebelión de los monjes

Las marchas pacíficas de los monjes budistas birmanos y la violenta represión del régimen militar, uno de los más crueles y longevos del planeta, acapara el foco de la información. Se trata de una oportunidad para la democracia y de una explosión de libertad espontánea que se ha visto reforzada por las nuevas tecnologías de la comunicación. Combinados, internet y los teléfonos móviles pueden ser un potente instrumento para derrocar tiranías.

Desde Occidente asistimos a esta semana de esperanza en Birmania y nos acercamos a un país lejano, rico en gas y petróleo, en el que sus ciudadanos padecen una dictadura apadrinada por China y consentida por el resto del mundo. La superpotencia asiática y Rusia han conseguido obstruir las posibles sanciones de la ONU, una organización que vuelve a quedar en entredicho tras ser bloqueda por dos regímenes autoritarios, más o menos camuflados.



Enlace:
Campaigning For Human Rights and Democracy in Burma

lunes, septiembre 03, 2007

El ocaso del Imperio de la mentira


La escenografía bushiana está tocada de muerte. Muy pocos creen ya en su interpretación alucinada de la realidad y todo lo que le rodea se desmorona por momentos. Aún queda más de un año de su segundo mandato, y sin embargo muchos de los que cimentaban su gobierno han salido corriendo antes de comenzar el curso político. El primer cadáver político fue Colin Powell, máximo representante del softpower en una Administración ultraconservadora. En 2006 le seguiría Andrew Card, asesor del presidente para Irak, y meses más tarde caería Donald Rumsfeld, uno de los guías espirituales de los neocon americanos e inspirador de su política exterior ofensiva, quien abandonó tras la victoria del Partido Demócrata en las elecciones al Congreso.

El último en dejar en la estacada a George W. Bush fue su amigo y "abogado" Alberto Gonzales, el fiscal general. El hispano que más lejos ha llegado en la Administración estadounidense no pudo soportar su propia imagen pública, salpicada por escándalos como la purga ideológica en las fiscalía de EE.UU. o la máscara de legalidad diseñada para encubrir Guantánamo y las escuchas ilegales a sus conciudadanos. Entre Rumsfeld y Gonzales otros muchos han abandonado la nave: Karl Rove, asesor especial del presidente; Paul Wolfowitz, ex presidente del Banco Mundial; y John Bolton, ex embajador ante la ONU. Y detrás de cada dimisión, Irak. La ocupación y la catastrófica estrategia de posguerra constituyen el eje sobre el que gira la política de Bush desde 2003.

La retórica simplificadora y la mentira al servicio de un ideal superior -según la ideología neocon- le sirvieron en un principio, pero los ataúdes de soldados se amontonan y los atentados siguen siendo devastadores. Pocos hacen caso ya a la jerga del presidente. En su última visita sorpresa a Irak, ha dicho que las tropas empezarán a volver a casa si los "éxitos" continúan. Evidentemente no existen tales éxitos. La guerra ha sido el gran fracaso de sus gobiernos, el punto más caliente de la agenda internacional que se enquistará por muchos años. Bush lo sabe pero nunca lo reconocerá y por eso seguirá disfrazando su agonía con nuevos engaños. Sabe también que en poco más de un año de acoso demócrata, podrá irse a descansar a su rancho de Texas.

lunes, agosto 13, 2007

La sociedad vigilada

La tecnología y el poder siguen estrechando lazos para controlar nuestros movimientos y achicar el espacio de la libertad. Es la vertiente oscura del desarrollo informático. Los sistemas de vigilancia se perfeccionan para olisquear nuestro rastro. En ciudades como Londres es muy dificil escapar a la mirada mecánica de miles de cámaras. Mientras, se trabaja en máquinas que reconocen nuestro iris o interpretan nuestras intenciones. Todo para combatir al difuso fantasma del terrorismo y del crimen.

En Shenzen (China) ya están instalando 20.000 cámaras de vídeo para emplearlas en la lucha contra el crimen. Se unirán a las 180.000, de circuitos públicos y privados, a las que la policía tiene acceso y no sólo transmitirán y grabarán lo que ocurra en la calle, sino que leerán los rostros de los ciudadanos y servirán para detener a los sospechosos. Esta tecnología, con la que también se experimenta en Gran Bretaña, se extenderá por toda la región, habitada por 12 millones y medio de personas. Además, las autoridades y la firma estadounidense que elabora el sistema distribuirán una tarjeta de ciudadanía con un potente chip incorporado. En ella se incluyen datos personales como la raza, la religión o el nivel educativo. Es el presente de una dictadura hi-tech, en un país donde los derechos civiles son pisoteados, pero la tendencia puede traspasar esas fronteras para controlarnos, con la excusa del terrorismo global, y colarse sutilmente en nuestras casas, en nuestros ordenadores, a través de las tarjetas de crédito o los teléfonos móviles. Quizás ya esté ocurriendo.

lunes, julio 30, 2007

El mundo se mueve

Los grandes movimientos migratorios han alumbrado revoluciones sociales en la Historia de la Humanidad. Desde la huída de los judíos de Egipto, hasta la invasión de los pueblos bárbaros que puso fin a la era de Roma y abrió la puerta a la Edad Media. Desde la conquista de América, hasta la forja de esa misma tierra como potencia hegemónica gracias, entre otros elementos, a la llegada de irlandeses, escoceses, holandeses o italianos.

Ahora, cuando vivimos los mayores cambios demográficos de la Historia, nos asomamos a un nuevo orden social y económico en el mundo. Aún no sabemos si mejor o peor, aunque muchos indicadores hacen pensar que una distribución más justa de las oportunidades y la riqueza está cerca. Estamos en proceso de asimilar que el fenómeno es imparable. Que las naciones, tal y como hoy las entendemos, tienen próxima la fecha de caducidad. Las fronteras desaparecen, de modo lento y aún desequilibrado, y las razas se difuminan. Los habitantes de los países subdesarrollados reivindican su derecho a incorporarse al progreso para extenderlo en el futuro por los rincones olvidados del planeta. El Primer Mundo se atrinchera como puede, pero sabe que todo está ya sentenciado. Desde las barriadas chabolistas de Bombay, donde los desheredados del éxodo rural han creado una pequeño cosmos económico, hasta la orilla sur del Río Bravo, o la frontera hispano-marroquí en Ceuta, masas de humanos esperan su momento.

El fenómeno que está en marcha puede reforzar la cohesión mundial y la interacción entre las personas, si conseguimos la integración de los distintos colectivos, por encima de la radicalización de las tradiciones y las creencias. A ello contribuyen dos elementos imprescindibles para comprender lo que se avecina: el perfeccionamiento de los medios de transporte y la revolución del conocimiento, gracias a las tecnologías de la información, principalmente internet. La mayor transformación cultural de la Historia es la esperanza más sólida para lograr un mundo mejor.

miércoles, julio 18, 2007

Correas de transmisión

El debate sobre el efecto altavoz de los medios de comunicación en relación con las acciones de los grupos terroristas es antiguo. Es obvio que en un mundo extremadamente mediatizado, en el que la información se confunde muchas veces con el espectáculo, los enemigos de la democracia han aprendido a lanzar su mensaje a la sociedad. El caso del fundamentalismo islámico es sin duda el más relevante. Nadie como Bin Laden y Ayman al Zawahiri han sabido valerse de los medios para llevar a cabo sus fechorías. Por un lado han perpetrado ataques de especial sadismo y enorme envergadura, abriendo la puerta a una nueva era de terror, sólo concebida hasta entonces en las películas de Hollywood. Han simultaneado acciones terroristas, han recurrido a fechas clave y han sacudido la seguridad de varias capitales occidentales.

Por otra parte, han aprovechado su irresistible poder mediático para aumentar infinitamente su capacidad propagandística y para simular una superestructura que es difícil que posean. Desde sus refugios lanzan al mundo mensajes y amenazas que las grandes corrientes de opinión e información se encargan de repetir sin ponerlos en duda. Un día incitan a la reconquista de Al-Andalus y al otro exigen la cabeza de Shalman Rushdie. Pero, ¿nos avisan los medios de un posible ataque o se convierten en correas de transmisión de los terroristas? Si Al Qaeda tuviese la infraestructura necesaria y la capacidad directa para golpear a Occidente, probablemente lo haría sin avisar. Por otro lado ¿tienen los grupos de comunicación la certeza de que la amenaza es real? Existe la posibilidad de que simplemente sean mensajes vacíos, con la misión de sugerir objetivos a los fanáticos de todos los rincones del mundo. Si fuese así las empresas de información estarían haciendo un flaco favor a nuestra seguridad.

martes, julio 03, 2007

El poder de las pesadillas

Al margen de los ataques contra la embajada de Estados Unidos en Tanzania, en 1998, o las Torres Gemelas, en 2001, pocas acciones terroristas se han podido atribuir a la cúpula directiva de la organización Al Qaeda. La fuerza de la marca reside en su carácter fantasmal. Su filosofía inspira a miles de pequeños grupos fanáticos en todo el mundo, no conectados entre sí, proyectando una imagen poderosa de la red terrorista.

Un documental de la BBC, "El poder de las pesadillas", va más allá. El trabajo de Adam Curtis no sólo fundamenta la teoría de que Al Qaeda -una superorganización terrorista con largos téntaculos en todo el planeta al estilo de S.P.E.C.T.R.A. en las películas de James Bond- no existe, sino que explica el fenómeno como el resultado de una fantasía pergeñada por los neoconservadores de EEUU. Una ilusión que conviene tanto a los halcones de Washington como al fundamentalismo inspirado por Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri. Los tres episodios del documental se pueden descargar aquí.
Esto es sólo un anticipo:



En el pasado los políticos prometían crear un mundo mejor. Tenían distintas formas de lograrlo, pero su poder y autoridad surgía de la visión optimista que ofrecían a sus pueblos. Esos sueños fracasaron y hoy la gente ha perdido la fe en las ideologías. Cada vez más, los políticos son simplemente vistos como administradores de la vida pública.

Pero ahora han descubierto un nuevo papel que restaura su poder y autoridad. En vez de repartir sueños, los políticos prometen protegernos de las pesadillas. Dicen que nos rescatarán de peligros terribles que no podemos ver y que no comprendemos.

Y el mayor de todos esos peligros es el terrorismo internacional. Una red poderosa y siniestra con células durmientes en países de todo el mundo. Una amenaza que necesita combatirse con la Guerra contra el Terror. Pero la mayor parte de esa amenaza es una fantasía, que ha sido exagerada y distorsionada por los políticos. Es una oscura ilusión que se propaga, sin ser cuestionada, entre los gobiernos de todo el mundo, los servicios de seguridad y los medios de comunicación internacionales...